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Ana García

Ana García

Perspectiva progresista

Politóloga y activista de derechos civiles, Guatemala

La migración guatemalteca no es un fracaso: es una decisión racional ante un Estado ausente

Criminalizar o lamentar la migración sin atacar sus causas es hipocresía política. Los guatemaltecos migran porque el Estado les ha fallado.

·5 min de lectura

Cada vez que un político guatemalteco habla de 'frenar la migración' sin hablar de crear empleos dignos, de garantizar seguridad, de construir un sistema educativo que funcione, me pregunto si está hablando en serio o simplemente actuando para las cámaras.

La migración guatemalteca —especialmente la de jóvenes del occidente y el oriente del país— no es un fenómeno irracional ni un fracaso cultural. Es una decisión perfectamente racional de personas que han calculado, correctamente, que sus posibilidades de vida digna son mayores en otro lugar que en su propio país.

Esa es la acusación más dura que se le puede hacer a un Estado: que sus propios ciudadanos prefieran arriesgar la vida cruzando fronteras antes que quedarse. Y Guatemala lleva décadas mereciendo esa acusación.

Las remesas —ese flujo de Q45 mil millones anuales que sostiene a cientos de miles de familias— son la prueba más contundente del fracaso del modelo de desarrollo guatemalteco. Son dinero que debería estar generándose aquí, en empleos formales, en empresas locales, en una economía que funcione para todos. En cambio, se genera allá, en condiciones de precariedad y lejanía, y se envía de vuelta como un salvavidas que el Estado no supo construir.

Mientras no se ataquen las causas estructurales —la desigualdad, la falta de oportunidades, la violencia, la corrupción— hablar de 'frenar la migración' es pura demagogia. Y los guatemaltecos, con toda razón, seguirán votando con los pies.